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Entrenamos duro, nos suplementamos, cambiamos de rutina con la frecuencia adecuada… y sin embargo no acabamos de ver la evolución que nos haga “despegar”. Y es que debemos recordar que los pequeños detalles son los que determinan el éxito.

Para quienes nos tomamos ésto en serio sabemos que cualquier mínimo detalle puede ser la diferencia entre un físico muy bueno y un físico simplemente espectacular. Debemos darnos cuenta que nuestra actitud a la hora de entrenar lo es todo.

Algunas veces bajamos la guardia o por cualquier circunstancia dejamos de sentir esa “conexión” mente-músculo. No únicamente el resultado deja de ser todo lo excelente que buscamos, sino que nos podemos acarrear algún tipo de lesión por no estar atentos con los cinco sentidos en cada movimiento que hacemos.

Hagamos un exámen exhaustivo de nuestra forma y calidad de entreno cada dos-tres semanas para focalizar “vacíos” en la concentración y mejorar nuestra actitud.

Tendemos a automatizar los entrenos y viene bien que de vez en cuando nos recuerden éstas premisas:

– Debes realizar el ejercicio sintiendo y pensando en el/los músculos principales y secundarios que intervienen: Tienes que comenzar a pensar que tu cuerpo es un engranaje y a aprender a aislar cada parte de tu cuerpo en tu cabeza. Con esa forma de entrenar tus pesos tenderán a ser mucho más bajos, pero tu cabeza hará que el músculo se contraiga como si estuvieras levantando el doble de ese peso. Recuerda los vídeos de ciertos culturistas que entrenan con una mancuerna de plástico y que logran que sus músculos se congestionen con tan sólo pensar en el movimiento que deben realizar.

-Vas al gimnasio a trabajar: Parece obvio, pero después de un tiempo con tu entrenamiento tu cuerpo comienza a adaptarse y entonces es cuando tu mente puede jugarte la mala pasada de despistarte y comenzar a hablar con los compañeros, atender a las redes sociales con tu teléfono…Aprovecha esa confianza que te brinda conocer tu entrenamiento para enfatizar aún más en la sensación de congestión del músculo que expliqué en el punto de arriba.

– Deja los problemas en la puerta del gimnasio: Algunos días pueden ser bastante duros y afectarnos hasta el punto de que no tengamos ganas de entrenar. Yo soy partidaria de que si vas al gimnasio es para rendir. A unas personas les puede venir genial sudar y superar sus problemas entrenando… pero si no es tu caso, es mejor que dejes pasar un día y que lo aproveches al cien por cien. Más que nada, por que si no estás atento puedes hacerte daño si levantas mucho peso sin estar lo suficientemente concentrado. Aquí es donde deberemos sacar nuestra actitud y darlo todo en cada serie y repetición cuando volvamos al gimnasio.

Debes revisar tu dieta. Puede que no avances porque haya algo que falle en tu dieta a pesar que de antemano lleves un balance perfecto. Parece una locura, pero no todos los días tienes el mismo gasto calórico. No estoy demasiado a favor con que nos pesemos diariamente, puede llevar a obsesiones bastante insanas, pero debes contrastarte mediante fotografías y ser bastante crítico con lo que hay delante del espejo. Tus macronutrientes han de ajustarse a la actividad que realices, todos tenemos épocas de más o menos estrés en la que las necesidades calóricas oscilen más de lo que podrías esperar.

Puede incluso que te ocurra que no bajes más de grasa porque estés comiendo excesivamente estricto. La comida trampa es casi obligatoria: te lo digo por propia experiencia; perderás más grasa si sigues comiendo bien después de una comida alta en grasas saturadas y carbohidratos una vez por semana que si no la haces.

Debes aprender a escuchar y a conocer tu cuerpo y estar constantemente alerta y subir/bajar carbohidratos/grasas saludables hasta que demos con la combinación que nos lleve hasta nuestros objetivos.

No descansas lo suficiente: Sometes a un estrés brutal a tu organismo… pero no duermes las suficientes horas, o no haces la semana de descanso activo obligatoria de forma mensual…

No por mucho que te mates vas a llegar antes al sitio… las cosas necesitan su reposo y su tiempo. Aquí te dejo Las 20 reglas para conseguir un sueño reparador y recuperarte al máximo.

Debes saber que el cuerpo tarda un mínimo de dos años en renovar totalmente la fibra muscular con entrenamientos de alta intensidad de fuerza. Y no solamente intervienen las fibras musculares… tu sistema endocrino, nervioso… (y un largo etc) deben adaptarse a éste tipo de entreno para ver grandes resultados. Si llevas menos de ese tiempo entrenando, comiendo y suplementándote correctamente es cuestión de que tengas paciencia.

-El cuerpo acaba acostumbrándose a la suplementación. Reaccionamos bastante bien a los cambios por regla general. Todo nutriente nuevo que se le introduzca al organismo va a hacer sus mejores efectos al principio. Si te gastas el dinero pero no acabas de ver todo el efecto que esperabas, quizás te hayas acostumbrado a la suplementación. Ocurre con bastante frecuencia con el CLA (ácido linoleico conjugado) con el cual se deben hacer ciclos de tres meses y una pausa de tres semanas más o menos. Para darte cuenta de cuándo ocurren estas cosas debes ser un muy buen observador y conocer cómo funcionas. Ésto ocurre en gran medida cuando llevas varios años entrenando y te conoces al detalle; así que no desesperes si al principio no acabas de dar con la “tecla”. Jugamos con “ensayo y error” puesto que cada uno de nosotros es único e irrepetible.

Cada cuerpo es único y funciona de una forma que debemos aprender a conocer aunque haya pautas que son universales. Entrena duro y de forma consciente en todo momento de lo que haces, come sano, supleméntate correctamente, (solo si es necesario), descansa lo suficiente… y lo demás es mera cuestión temporal.

Etiquetas: ActitudBeneficiosbienestarConsejosdescansarEjercicio FísicoEntrenamientoprogesoProgresarRecuperación
Rebeca Crucera

Autor Rebeca Crucera

Pacense. Apasionada de la nutrición natural y del fitness. Ex-vegana y conocedora de regímenes nutricionales alternativos. Practicante de macrobiótica mediterránea. Conozco la medicina tradicional, parte de medicina china, ayurvédica y natural.

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