Durante décadas se nos dijo que había que reducir la grasa al mínimo para cuidar el corazón. La ciencia de la nutrición ha avanzado mucho desde entonces, y hoy sabemos que la pregunta correcta no es «¿cuánta grasa como?» sino «¿qué tipo de grasa como?». Esta guía explica con evidencia actual qué grasas priorizar en tu dieta y cuáles limitar.
Por Qué la Grasa es Esencial

La grasa es uno de los tres macronutrientes (junto con proteínas e hidratos de carbono) y aporta 9 calorías por gramo. Es esencial en la dieta porque ayuda al cuerpo a absorber las vitaminas liposolubles (A, D, E y K), es fuente de energía y componente estructural de las hormonas, mantiene la piel y el cabello sanos, forma parte de cada membrana celular y es importante para las vainas de mielina que recubren los nervios.
Grasas Monoinsaturadas
Las fuentes dietéticas incluyen aguacate, aceite de oliva, almendras, anacardos, nueces de Brasil, semillas de sésamo y de calabaza, y cacahuetes. Las grasas monoinsaturadas han demostrado reducir el colesterol LDL y la presión arterial, y se asocian con menor riesgo de enfermedad cardiovascular.
La grasa de aceites, frutos secos y semillas puede volverse rancia al exponerse al calor y la luz, así que conviene almacenar estos alimentos en lugares oscuros y fríos. El refrigerador o congelador extiende su vida útil considerablemente.
Grasas Poliinsaturadas: Omega-3 y Omega-6
Ambos son grasas esenciales tu cuerpo los necesita pero no puede producirlos, así que la única fuente es la dieta. El problema es el desequilibrio: la dieta occidental típica es muy alta en omega-6 (presente en aceites de maíz, soja y semilla de algodón, y en la mayoría de comida envasada) y comparativamente baja en omega-3. Mientras la proporción recomendada se sitúa entre 2:1 y 5:1, la dieta occidental estándar puede llegar a proporciones de 15:1 o más.
Basándonos en artículos recuperados de PubMed, un meta-análisis publicado en Clinical Nutrition (Jiang et al., 2022) que analizó 67 estudios prospectivos con más de 310.000 participantes encontró que los niveles más altos de omega-3 de origen marino (EPA y DHA, presentes en pescado azul) se asociaron con un riesgo significativamente menor de enfermedad cardiovascular total, enfermedad coronaria y mortalidad por todas las causas, con una relación dosis-respuesta clara.
El ácido alfa-linolénico (ALA, de origen vegetal) se asoció con menor riesgo de diabetes tipo 2, pero no mostró la misma asociación protectora cardiovascular que los omega-3 marinos. (DOI: 10.1016/j.clnu.2022.06.034)
Las mejores fuentes de EPA y DHA son los pescados grasos: salmón, sardinas, arenque, caballa y atún. Las fuentes vegetales de omega-3 (linaza, nueces, algas) aportan ALA, que el cuerpo convierte en EPA y DHA de forma muy ineficiente. La recomendación general es consumir 2-3 raciones semanales de pescado azul.
Grasas Saturadas: Lo Que Dice la Evidencia Actual
Las grasas saturadas son sólidas a temperatura ambiente y se encuentran en carne, lácteos, aceite de coco, aceite de palma, mantequilla y manteca de cerdo. En los últimos años circuló la idea de que la grasa saturada había sido «rehabilitada» científicamente y que ya no había evidencia de que aumentara el riesgo cardiovascular. Esto es una simplificación excesiva de la evidencia real.
Basándonos en artículos recuperados de PubMed, un análisis de la evidencia publicado en The American Journal of Clinical Nutrition (Kris-Etherton & Krauss, 2020) concluye que la investigación epidemiológica muestra que sustituir grasa saturada por grasa insaturada pero no por carbohidratos refinados ni azúcares añadidos se asocia con una reducción de eventos y muertes por enfermedad coronaria.
Estudios clínicos controlados muestran consistentemente que las grasas saturadas elevan el colesterol LDL, un factor causal mayor en el desarrollo de enfermedad cardiovascular. Cuando se sustituye isocalóricamente la grasa saturada por otro macronutriente, el mayor efecto reductor del LDL se observa con grasa poliinsaturada, seguida de monoinsaturada, y después carbohidratos totales. (DOI: 10.1093/ajcn/nqaa110)
Es cierto que algunos productos lácteos enteros con grasa saturada, especialmente los fermentados, muestran ciertos beneficios para la salud cardiometabólica en investigación reciente. Pero comparados con fuentes de grasa insaturada, los lácteos enteros siguen elevando el colesterol LDL.
La recomendación de reducir la grasa saturada y sustituirla por grasa insaturada sigue siendo la base de los patrones dietéticos saludables actuales no es un mito desmontado, como a veces se presenta en redes sociales.
Esto no significa eliminar por completo la grasa saturada: significa priorizar las fuentes de grasa insaturada (aceite de oliva, frutos secos, pescado azul, aguacate) sobre las saturadas en el conjunto de tu dieta, sin necesidad de obsesionarse con eliminarla al 100%.
Grasas Trans: La Única Categoría Sin Debate
Las grasas trans son las únicas universalmente aceptadas como perjudiciales sin matices. Aunque se producen de forma natural en pequeñas cantidades en algunos alimentos, las que preocupan son las artificiales, producidas por hidrogenación, creadas históricamente para alargar la vida útil de los productos.
Las grasas trans aumentan el colesterol LDL y reducen el HDL simultáneamente, generando inflamación y aumentando el riesgo de enfermedad cardíaca, ictus, diabetes y otras enfermedades crónicas. No existe un nivel de consumo considerado seguro. Se encuentran en manteca vegetal, productos de bollería industrial premezclados, alimentos fritos comerciales y snacks envasados. La mejor estrategia para evitarlas es revisar las etiquetas en busca de «aceite parcialmente hidrogenado» y, en general, minimizar los ultraprocesados.
Conclusiones Prácticas
Aunque los niveles recomendados de grasa total oscilan entre el 20-35% de las calorías diarias, el factor más importante no es la cantidad, sino la elección de calidad: priorizar grasas insaturadas de fuentes vegetales y pescado azul, minimizar las grasas trans hasta eliminarlas por completo, y mantener el consumo de grasa saturada dentro de límites moderados sustituyéndola parcialmente por insaturada cuando sea posible.
Preguntas Frecuentes
¿Es verdad que la grasa saturada ya no es perjudicial?
No exactamente. La evidencia actual sigue mostrando que la grasa saturada eleva el colesterol LDL y que sustituirla por grasa insaturada reduce el riesgo cardiovascular. Lo que sí ha cambiado es el matiz: el problema no es tanto «la grasa saturada en sí» como «qué la sustituye» sustituirla por azúcar refinado no mejora nada, mientras que sustituirla por grasa insaturada sí.
¿Cuánto pescado azul debo comer a la semana?
La recomendación general son 2-3 raciones semanales para obtener cantidades significativas de EPA y DHA. Si no consumes pescado regularmente, un suplemento de aceite de pescado puede ser una alternativa razonable, aunque siempre es preferible priorizar la fuente alimentaria cuando sea posible.
¿Las grasas vegetales como el omega-3 de la linaza son tan buenas como el pescado?
No exactamente igual. El ALA de fuentes vegetales se convierte en EPA y DHA en el cuerpo de forma muy ineficiente (típicamente menos del 10%), por lo que no sustituye completamente al pescado azul en cuanto a aporte directo de estos ácidos grasos activos, aunque sigue siendo una fuente dietética valiosa, especialmente para quienes no consumen pescado.
Referencias Científicas
- Kris-Etherton, P.M., & Krauss, R.M. (2020). Public health guidelines should recommend reducing saturated fat consumption as much as possible: YES. The American Journal of Clinical Nutrition, 112(1), 13-18. DOI: 10.1093/ajcn/nqaa110
- Jiang, H., et al. (2022). Omega-3 polyunsaturated fatty acid biomarkers and risk of type 2 diabetes, cardiovascular disease, cancer, and mortality. Clinical Nutrition, 41(8), 1798-1807. DOI: 10.1016/j.clnu.2022.06.034





